Notes From a Recent Planning Session
Hace unas semanas nos sentamos con el equipo de taller para revisar la próxima colección de piezas para recepciones y oficinas. La conversación giró en torno a una pregunta concreta: ¿cómo lograr que un objeto de vidrio soplado, colocado en un estante de recepción, no pase desapercibido pero tampoco compita con el resto del mobiliario?
La transparencia del vidrio es una ventaja en espacios interiores porque deja pasar la luz natural sin bloquearla. Pero también es un desafío: si la pieza no tiene un punto de interés claro, se vuelve invisible. Durante la sesión revisamos tres ideas que surgieron de observar cómo la luz del mediodía entra por las ventanas de un departamento típico de Buenos Aires.
La primera sugerencia fue agrupar tres piezas de diferente altura: un jarrón bajo, una copa mediana y un cilindro alargado. La segunda fue usar vidrio con burbujas internas, porque el aire atrapado genera pequeños reflejos que cambian con el movimiento de quien pasa. La tercera fue colocar una lámpara geométrica justo detrás del conjunto, de modo que la luz atraviese el vidrio y proyecte sombras suaves sobre la pared.
Ninguna de estas ideas es nueva, pero al ponerlas sobre la mesa con los sopladores, surgieron detalles que no habíamos considerado: el grosor del borde de cada pieza, la inclinación del cuello del jarrón, la distancia entre las burbujas. Son decisiones que afectan cómo se comporta la luz y cómo se percibe el objeto desde diferentes ángulos.
Al final de la sesión, acordamos que la colección se llamaría "Luz de paso" y que incluiría cinco piezas, todas en vidrio transparente con terminación mate en la base. La idea es que quien las vea no necesite una explicación: la transparencia y la forma hablan por sí mismas.
La próxima etapa es definir los colores de las bases y el empaque. Preferimos cajas de cartón reciclado con un inserto de tela que evite rayones. Cada pieza se entregará con una nota escrita a mano que describa el soplador que la hizo y el día de producción.